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Abdomen y digestivo

Disfagia

Disfagia

Definición de la disfagia

La disfagia es una dificultad para deglutir alimentos o líquidos. Resulta de una anomalía en las fases oral, faríngea o esofágica. Puede deberse a causas neurológicas como los ACV, la esclerosis múltiple o la enfermedad de Parkinson. Las causas mecánicas incluyen las estenosis esofágicas, los tumores y los divertículos. Las causas motoras afectan a trastornos de la motilidad esofágica, como la acalasia. La disfagia puede provocar pérdida de peso y desnutrición. Aumenta el riesgo de neumopatía por aspiración, requiriendo una evaluación exhaustiva para adaptar el tratamiento.

Epidemiología

La disfagia afecta aproximadamente al 3 a 5 % de la población general, pero su prevalencia aumenta con la edad. En las personas mayores, la disfagia puede afectar hasta al 22 % de los individuos. Este aumento resulta de la degeneración de las estructuras de la deglución y de las comorbilidades. En los establecimientos de cuidados a largo plazo, la prevalencia supera a menudo el 50 %. Esto afecta sobre todo a los pacientes con trastornos neurológicos. La disfagia es frecuente después de un accidente cerebrovascular (ACV). Afecta aproximadamente al 30 a 50 % de los pacientes en los primeros días tras el evento.

Causas de la disfagia

Las causas de la disfagia se clasifican en tres grandes categorías:

  • Causas motoras: Afectan a trastornos de la motilidad esofágica, como la acalasia (relajación insuficiente del esfínter esofágico inferior) o los espasmos esofágicos difusos. Estas disfunciones provocan contracciones anormales del esófago, dificultando el avance de los alimentos hacia el estómago.
  • Causas neurológicas: Afectan a la coordinación de los músculos implicados en la deglución. Las principales incluyen los accidentes cerebrovasculares (ACV), la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson, la miastenia y las lesiones medulares.
  • Causas mecánicas: Resultan de una obstrucción o un estrechamiento del esófago. Esto incluye las estenosis esofágicas (a menudo causadas por el reflujo gastroesofágico crónico), los tumores, los divertículos (como el divertículo de Zenker) y las secuelas de radioterapia.

Factores de riesgo

Los principales factores de riesgo de la disfagia incluyen:

  • Edad avanzada: El envejecimiento provoca una disminución de la coordinación y la fuerza de los músculos de la deglución.
  • Trastornos neurológicos: Los ACV, la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple, la demencia y los traumatismos craneales aumentan el riesgo de disfagia.
  • Reflujo gastroesofágico crónico (RGE): El RGE puede causar lesiones en el esófago. Estas lesiones provocan estenosis y aumentan el riesgo de disfagia.
  • Antecedentes de radioterapia o cirugía cervical: Estas intervenciones pueden provocar cicatrices o modificaciones anatómicas que afectan a la deglución.
  • Enfermedades autoinmunes: La esclerodermia, el lupus y otras patologías pueden provocar una afectación de la musculatura esofágica.
  • Consumo de tabaco y alcohol: Estos factores aumentan el riesgo de cánceres de cabeza, cuello y esófago, que pueden causar disfagia.
  • Enfermedades musculares: Las miopatías, la miastenia y otros trastornos musculares pueden afectar a la coordinación de los músculos de la deglución.

Síntomas de la disfagia

Los síntomas de la disfagia pueden variar según su causa, pero los más comunes incluyen:

  • Sensación de bloqueo o molestia al deglutir, sobre todo con alimentos sólidos, a veces también con líquidos.
  • Dolor al deglutir (odinofagia), que puede aparecer con alimentos o bebidas.
  • Regurgitación de alimentos no digeridos o de líquidos, a menudo acompañada de una sensación de reflujo.
  • Tos o atragantamiento durante o después de la deglución, sobre todo con líquidos, lo que sugiere una aspiración.
  • Pérdida de peso involuntaria y desnutrición, como resultado de la dificultad para ingerir alimentos en cantidad suficiente.
  • Modificación de la voz o ronquera después de las comidas, causadas por una irritación de las vías respiratorias.
  • Salivación excesiva o sensación de babeo, a menudo debida a una dificultad para tragar la saliva.
  • Dolores torácicos que pueden confundirse con dolores cardíacos, especialmente cuando la causa es esofágica.

Imagen radiológica

La imagen radiológica juega un papel esencial en el diagnóstico de la disfagia, permitiendo localizar e identificar la causa de la dificultad para deglutir. Estas son las principales modalidades utilizadas:

  1. Tránsito esofágico baritado: Es el examen de primera intención. El paciente traga un líquido baritado, y las radiografías siguen su paso a través del esófago. Este examen permite visualizar las estenosis, los divertículos (como el divertículo de Zenker), las anomalías motoras (como la acalasia) y los reflujos gastroesofágicos.
  2. TAC torácico: El TAC evalúa las estructuras circundantes del esófago y busca masas, compresiones extrínsecas, anomalías mediastínicas o complicaciones, como una perforación. Se utiliza a menudo cuando se sospecha un tumor.
  3. RM cervical y torácica: La RM está indicada para explorar las causas neurológicas de la disfagia, como las lesiones del tronco cerebral o las afectaciones medulares. También es útil para evaluar los tumores y las anomalías de los tejidos blandos.
  4. Endoscopia digestiva alta: Aunque no es puramente radiológica, la endoscopia se utiliza comúnmente para complementar la imagen. Permite una visualización directa de la mucosa esofágica y la eventual realización de biopsias en caso de lesión sospechosa.
  5. Ecografía cervical: Es particularmente útil para examinar la región cervical, especialmente en caso de sospecha de masas compresivas (como tumores tiroideos) o de linfadenopatías que podrían contribuir a la disfagia.

Estos exámenes permiten precisar la naturaleza mecánica o funcional de la disfagia y orientar las decisiones terapéuticas.

Prevención de la disfagia

La prevención de la disfagia se basa en medidas adaptadas a sus causas y a los factores de riesgo identificados:

  • Tratamiento precoz de los trastornos neurológicos: Un manejo rápido de los ACV, la enfermedad de Parkinson y otras patologías neurológicas puede reducir el riesgo de disfagia.
  • Manejo del reflujo gastroesofágico (RGE): El tratamiento del RGE con inhibidores de la bomba de protones (IBP) y medidas dietéticas ayuda a prevenir las complicaciones esofágicas.
  • Rehabilitación de la deglución: En las personas con riesgo (como los pacientes post-ACV), una rehabilitación logopédica precoz puede fortalecer los músculos de la deglución y limitar las aspiraciones.
  • Modificación de la alimentación: Adaptar la textura de los alimentos y las bebidas para hacerlos más fáciles de tragar puede ayudar a las personas con trastornos de la deglución.
  • Evitar el tabaco y el alcohol: Reducir o eliminar el consumo de estas sustancias disminuye el riesgo de cánceres de cabeza y cuello, que pueden causar disfagia.
  • Seguimiento médico regular: Las personas con antecedentes de radioterapia, cirugía cervical o enfermedades autoinmunes deben beneficiarse de un seguimiento para detectar precozmente los signos de disfagia.
  • Hidratación y cuidados bucodentales: Mantener una buena hidratación y unos cuidados bucodentales regulares puede prevenir las infecciones bucales y reducir el riesgo de disfagia, sobre todo en las personas mayores.

Estas medidas tienen como objetivo reducir los riesgos de complicaciones, mejorar la calidad de vida de los pacientes y prevenir el empeoramiento de la disfagia.

Conclusión

La disfagia es un trastorno complejo de la deglución, que puede ser causado por factores neurológicos, mecánicos o motores. El manejo de la disfagia se basa en un diagnóstico preciso, a menudo apoyado por la imagen radiológica. Esto permite identificar la causa subyacente y orientar el tratamiento. La prevención incluye el manejo de los factores de riesgo y un seguimiento médico regular. Esto es particularmente importante para las personas mayores y aquellas con patologías predisponentes. Un manejo precoz y adaptado mejora la calidad de vida de los pacientes. Reduce las complicaciones, como la desnutrición y las neumopatías, y favorece una mejor rehabilitación.

Por último, si presenta síntomas o preocupaciones, consultar a un médico generalista permite obtener un diagnóstico preciso y consejos adaptados.

Fuente: UpToDate

Esta ficha informativa no sustituye una consulta médica.

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